Crónica de una fuga
El carácter real y a la vez extraordinario de la historia que narra la novela
de Tamburrini impide hacer de la adaptación de Pase libre una mera película de
género.
Es tan extraordinaria la experiencia de la
fuga como la de haber estado en un campo de concentración como la Mansión Seré.
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Pero el hecho de haber sido reales ambas cosas —la detención ilegal allí y la fuga— las hace irreductibles al género.
El dolor de ese tipo de experiencias, así
como el modo de escapar de ellas, no pueden separarse completamente del
contexto que los produjo (la dictadura y sus métodos ilegales de
represión).
Todo lo que Crónica de una fuga tiene
y puede pertenecer al género, lo tiene bajo la forma de la reescritura y no del
mero uso.
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xxSe sabe que la política de encierros en campos de concentración que puso en práctica la última dictadura no era nueva para el siglo XX y que había sido practicada en Argentina —de manera parcial, en lugar de sistemática— por gobiernos anteriores.
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| Autor: Silvia Schwarzböck |
No obstante, hay algo no universalizable
en las experiencias narradas en el informe Nunca Más y que no
se debe exclusivamente a que hayan sucedido en la Argentina.
Esas experiencias son lo contrario de lo
universal, porque se trata de experiencias individuales de sufrimiento extremo
y, como tales, son absolutamente intransferibles.
Para quienes no las vivieron son objeto de
terror, no de empatía. Nadie puede imaginarse el dolor que otro ha sentido al
ser secuestrado, encerrado, hambreado, violado y torturado. No es posible hacer
pasar por el cuerpo propio ni la experiencia física ni la experiencia afectiva
que ha sido vivida por otra persona. La catarsis que hace posible cualquier
película de terror —y no hay catarsis más intensa que la que provee este
género— es la liberación del miedo, y ese miedo es el miedo a ser uno el que
esté en la situación del que sufre.
Ahora bien, el camino más corto para
liberarse de ese miedo es identificarse con el verdugo, que es lo que hace hoy
el público fanático del género. Crónica de una fuga, precisamente,
repiensa el género de terror en relación con este problema, y lo reescribe a
partir de un hecho real, ocurrido en la Argentina en 1977.
Por eso no es sólo una novedad dentro del
cine argentino, sino que lo trasciende.
Una historia real ocurrida en un campo de
concentración argentino le sirve a Caetano para repensar el modelo de catarsis
del terror contemporáneo, basado en la identificación del público con el
verdugo, en lugar de con la víctima.

