Los rubios es una película dirigida por Albertina Carri, hija de Roberto Carri
y Ana María Caruso, sociólogos y militantes del peronismo revolucionario
desaparecidos por la Dictadura en marzo de 1977, cuando ella apenas tenía tres
años de edad. Los rubios aparenta ser un documental clásico, donde una hija intenta
reconstruir la figura perdida de sus padres y celebrar su memoria. Sin embargo,
la película es mucho más compleja.
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Hay en ella una multitud de procedimientos formales que tienden a
dinamitar convenciones, a no dar nada por sentado, a poner en duda contenidos y
estilos. Quien espere una voz en off que relate un evento ordenado en el tiempo
o una sucesión de entrevistas que enhebre una narración cronológica de los
hechos se encontrará con una película desconcertante. No parece haber aquí una
celebración de la memoria de los padres sino, justamente, un doloroso
cuestionamiento de la naturaleza de los recuerdos.
Las estrategias que Los
rubios utiliza para subvertir las expectativas de una persona que se enfrenta a
una película relacionada con un hecho político violento del cual se espera
información y juicios categóricos son la duplicación constante, el juego de
espejos entre realidad y ficción, el registro crudo junto a la puesta en escena
ficcional, y el recuerdo singular descompuesto en las múltiples formas posibles
de representarlo. Más que recuperar las figuras de los padres, Los rubios pone
en escena la imposibilidad del cine de reconstruir lo irreparable.





